Yo la miraba de reojo,
sin decir media palabra.
Si era tan linda la cabra:
le hacía la pata al cojo.
“Y saldré de mih antojoh”,
pensaba pa’ mih adentroh,
“no voy a contar el cuento
cuando llegue el lindo día;
lah nocheh voy a hacer díah,
juro por el firmamento”.
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